“Tenía un amigo que cada mes estaba preso por deber la pensión. No me imaginé el infierno que es era eso hasta que lo viví en carne propia”.

Esas palabras salieron de la boca de Jorge Alvarado, un deudor de pensión alimentaria, que por esta condición ha estado preso en dos ocasiones, le ha generado deudas, ha puesto en apuros y angustias a familiares y para colmo… no puede ver a sus hijos.

El caso de Jorge es reciente, incluso hace pocas semanas salió de la cárcel. ¿La razón? Adeuda ¢3 millones a una pensión que considera injusta y que asegura la jueza la impuso “a ojos cerrados”, creyendo lo que su exmujer solicitó para la manutención de sus cuatro hijos.

De acuerdo con Alvarado, todo empezó cuando descubrió que la madre de sus hijos tenía otra pareja. Por esto, él decidió salir de la casa e irse a vivir a un pequeño cuarto por La Carit.

Según Alvarado pese a que él continuaba enviando dinero semanalmente a su casa, un día fue sorprendido con una notificación en la que le indicaban que tenía tres días para pagar el cuantioso monto.

Alvarado asegura que en la solicitud que interpuso su expareja, para justificar esa enorme suma, dijo que él tenía negocio propio, que se encargaba de bienes raíces e incluso que era dueño de dos cuarterías.

“Puso que tenía tres carros una Prado, uno deportivo… y no tengo ni uno solo. Es una estupidez, ni siquiera tengo una bicicleta”, aseguró angustiado.

“Mi exesposa pidió ¢10 millones, en el expediente está. La jueza tuvo la salida salomónica y decidió que fueran ¢1.150.000 de pensión por las tres niñas (ya que el otro hijo es mayor de edad)”, explicó.

Además, como era diciembre, el josefino debía pagar aguinaldo por lo que la suma ascendió a los ¢3 millones. Dado a que no disponía de esa suma, fue a parar en la cárcel.

Jorge acudió ante la Sala Constitucional e interpuso un hábeas corpus, fue declarado sin lugar y ahora busca apelar para que bajen el monto a uno por el que él pueda responder.

Solo ¢17 mil de salario

En la Fundación Instituto de Apoyo al Hombre (Fundiapho) se han encargado de colaborar con casos como este, y aseguran existen mucho.

De acuerdo con Eugenia Quesada, abogada de Fundiapho, otro caso de los drásticos que ha llegado hasta la fundación es el de Allan Bermudez.

Se trata de un hombre sencillo y humilde; y según Quesada vive en depresión y actualmente labora como taxista pirata los fines de semana ya que lo que le queda de su salario no llega ni a los ¢20 mil.

“En la Caja no le entienden que la pensión es tan alta que lo que le queda disponible de salario, por ley es inembargable, pero igual se lo rebajan y entonces por quincena recibe ¢17.500. Tiene que trabajar como taxi pirata los fines de semana para poder “medio sobrevivir”, ejemplificó Quesada.

Escrito por Karla Barquero | karla.barquero@crhoy.com

Fuente: CRHoy